viernes, septiembre 08, 2006
viernes, agosto 11, 2006
¿Con cuál de estas destrozarás mi corazón?

Dedicado a todos aquellos que alguna vez sufrieron,
[Muerte estúpida]
/El corazón deja de latir/
Mis lágrimas brotan como la lluvia nace de las nubes, que se niega en estas fechas a darle vida a nuestros suelos sedientos. La pesadumbre y la tristeza tocan y marchitan cada una de las flores que una vez se crearon en mis recuerdos. El suicidio. La muerte asociada a la tristeza.
[Muerte cobarde]
/El cerebro deja de recibir estímulos y de emitir órdenes/
Y se esconde, y camina agazapada dentro de ti. Y conspira. Y golpea cuando confías pensando que nadie podría hacerlo. En este caso eres tú el que acabas queriendo cobrar traidora revancha. En este caso eres tú el que te manchas los labios de sangre. El asesinato. La muerte asociada al rencor.
[Muerte]
/En la clase de biología/
El corazón deja de latir. El cerebro deja de recibir estímulos y de emitir órdenes. La temperatura corporal desciende hasta alcanzar la temperatura ambiente. Los músculos del cuerpo se contraen. El fallecimiento. La muerte asociada al olvido.
[Muerte vehemente]
/La temperatura corporal desciende hasta alcanzar la temperatura ambiente/
Sin pensarlo, tu último sacrificio salvó a alguien que tal vez no conozcas de una muerte segura. Y fuiste tratado como un héroe y considerado como tal. Incluso serías recordado hasta después de la muerte y convertido en unas líneas impresas de un periódico, además de en tu esquela. El recuerdo. La muerte asociada a la entrega.
[Muerte sublime]
/Los músculos del cuerpo se contraen/
Decide con cuál de esas armas vas a destrozar hoy mi corazón..., cuál será la que provocará que mis ojos se conviertan en fuentes de agua salada que se mezcle con la dulce sangre de mis labios al morder tu alma para destrozarla, para después borrar esa parte de mi que te pertenece, en un ritual en el que sacrificaré lo que más me importa: tú. La inmortalidad. La muerte asociada a la felicidad.
/Un corazón comienza a latir de nuevo.../ [¿Quién le dio al Play?]
jueves, agosto 10, 2006
Capítulo 3: El Ingeniero Cabalístico

Uno de los mimos del gobierno jamás había sido atacado de tal forma, que se sepa. En el cumplimiento de su deber no debían pronunciar palabra ninguna, pues todas se podían interpretar mal. Y en un mundo gobernado por Ideas de distintas facciones la Justicia debería ser independiente, y por lo tanto, a la hora de ejecutar su trabajo muda. Por eso los agentes del gobierno eran mimos.
- Creo que le persiguen – consigo susurrarle desde debajo de mi mesa mientras que saco mi plateado revólver. – ¿A quién debo disparar? ¿A usted o a ellos?
- ¡Oh! ¡Cállese ya! – dijo con el tono que usaría alguien que no está acostumbrado a interrogar y no a sentirse interrogado. Su brazo sangraba porque una de las balas había rozado el fino lienzo hecho de seda y piel que lo rodeaba. Y su color carmesí me llenó extrañamente de ira.
Nuestras miradas se cruzaron, e intercambiaron una información codificada de una forma extraña. Quise besarla en aquel momento, sin saber por qué. Pero no lo hice.
- ¡Vámonos de aquí! – interrumpí en pocos segundos mis pensamientos que se iban tornando atrevidos alrededor de la cintura y caderas de esa desconocida, justo tras escuchar otro disparo.
Nos pusimos de pie inmediatamente después. La salida principal estaba cubierta seguramente por los matones desconocidos tanto en naturaleza como en número, así que decidí llevarla por la escalera del sótano.
- Cúbrame la espalda – le susurré mientras avanzábamos por la oscuridad de la escalera. Y ella sacó su revólver y me siguió dándome la espalda. Por desgracia el goteo continuo de sangre que podía imaginarme delataría tarde o temprano nuestra posición. – Y pida refuerzos...- apunté.
- No hay refuerzos. Esos son mis compañeros de trabajo. – Dijo ella.
Sin saber en el berenjenal en el que me estaba metiendo no dije nada más. Me las había visto y deseado muchas veces por culpa de los mimos, y no sentía por ellos más respeto que el que siento por un lector anónimo que no se involucra en lo que lee, o tal vez un oyente de un programa de radio que no se entera de lo que se está diciendo. Inconscientes formas de vida de hoy en día...
- De acuerdo... cúbrame las espaldas... – acabé por decir yo.
Y en ese momento, justo tras cerrar de golpe puerta y cerradura del sótano nos cruzamos con alguien interesante... alguien que no me esperaba encontrar. Alguien que era el causante de que mi conexión a la red no hubiera funcionado como era debido durante toda la mañana, pues estaba enganchado a ella, tirado en el suelo, con su ordenador portátil.
Ni siquiera se había percatado de nuestra presencia allí. Era delgado, de altura media y pelo rizado al estilo afro, y que lucía además una llamativa perilla.
- ¡Hey! – Dije - ¿Qué estás haciendo ahí?
El chico me sonrió mientras contestaba: - Lo mismo que vosotros. Huir desde ya. Son tres matones de mala muerte, pero pueden pedir refuerzos en cuánto quieran. Mejor salir por piernas, porque ya lo han hecho... hace exactamente cinco minutos – y luego apuntó – Señorita Z, debiera usted haberle advertido de mi presencia para no delatarme.
Quise decir algo pero la puerta siendo aporreaba no daba más tiempo. Por su forma de hablar e instrumentos supe que era, sin lugar a dudas, un Ingeniero Cabalístico, un profesional dedicado a la información y a preparar balas para matar axiomas específicamente. Había oído hablar de ellos, y que trabajaban usualmente para los mimos, pero nunca me había encontrado con ninguno, y eso que durante mi carrera había utilizado los servicios de más de uno.
- Sí - dijo él mientras que cerraba su ordenador y salíamos corriendo, con el ruido de fondo de la puerta siendo golpeada y tiroteada. – Lo soy – afirmó mientras que yo recordaba que estos podían leer las mentes.
viernes, julio 28, 2006
Mi burbuja azul
Habló el ente suntuoso:
“Te deseo suerte en este viaje, mortal.
No te encontrarás ninguna deidad que te acompañe en este camino que deberás emprender tú solo.
No tendrás ayuda.
Te deseo que encuentres lo que buscas.
Ahora ¡Parte!”
[Salta el contestador automático]
- Pero... no eres ningún Dios al que yo deba adorar ¿cierto? – pregunté.
[Odio hablar con las máquinas]
El silencio insultó al silencio. Su mirada inteligente insultó a mi cuerpo y a mi espíritu.
[Salgo a buscarte a tu casa]
- Acabo de encontrar lo que busco – dije con los labios manchados en la misma sangre que actuaba de punzón en el fondo de sus pupilas para aquel que se atreviera a mirarlo demasiado.
[Me abres una ventana que rato antes no existía y me hablas a través de ella]
La espada, de acero azul como la burbuja en la que viajaba, atravesó a aquel ser que se sentía creador de todo.
[Abres la puerta de un coche y te veo venir de frente]
- La matanza en el país de las ideas ha comenzado, y no quedará Espíritu que sea capaz de no sentir vergüenza de su propia existencia. ¡Si no sabéis vivir en comunidad ni de forma individual! Me da asco aquello de lo que formáis parte. Y no..., yo dejo de jugar... así que... ¡Morid todos, hijos de puta! – proclamé mientras me clavaba a si mismo la espada.
[No sé qué hacer, pero caigo en tus brazos... te abrazo y lloro]
domingo, julio 23, 2006
Capítulo 2: ¿Somos nuestro pasado?
- Hola – dije mientras miraba fríamente el rostro de la persona que había recién entrado en mi despacho. Era una chica joven, preciosa. Pero iba vestida de mimo. Curioso.
- ¿Vive aquí él...? – dijo ella sacando una tarjeta de color rosa fucsia, símbolo de mi empresa.
- Klaussius... Asesino de Axiomas... – Terminé la frase mientras me incorporaba. Tenía el despacho hecho un desastre. No importaba que fuera realmente un cerdo. Nadie se había dignado a cruzar siquiera la puerta de acceso del edificio abandonado en el que había instalado mi oficina. A pesar de que había repartido unas llamativas tarjetas fucsia por toda la ciudad.
- A usted le busco – dijo ella mirando el entorno en el que se había metido. Un antro, una cueva, un nido de insectos y cucarachas... y a saber qué clase de cosa más.
- Crack – crujió el suelo bajo uno de los negros zapatos usados por el mimo. Posiblemente hubiera aplastado uno de los animalitos que hacían las horas de oficina más livianas.
- ¿Qué desea usted señorita...? – Pregunté al fin.
- ¿Me pregunta mi nombre?... soy un mimo – dijo ella.
- Ya veo que es usted un mimo, pero ¿Quién eres?
- Me llamo Lorena.
- No le he preguntado su nombre... ¿Quién eres?
- Sólo Lorena. – respondió finalmente ella. Su maquillaje pálido apenas dejaba entrever su rostro, pero era de rasgos finos y hermosos, eso seguro. Su piel bajo el traje negro debía ser sedosa... ¿Quién sería? Tal vez ni siquiera ella supiera la respuesta. Eso era lo más seguro, sí... ni siquiera ella conocería la respuesta.
- Bien... Lorena – rompí el silencio -. ¿Sabes lo que hacemos aquí no?...
- Sí,... asesina axiomas a sueldo...
- Las tarifas están claras... son quinientos euros por cada axioma asesinado, y eso sin añadirle los extras... dependiendo de lo que estropeen el mundo cuando mueran...
- En este caso no es un axioma más de los que está acostumbrado a asesinar... eso seguro...
- ¿Por qué dice eso?
- Porque le persigue a usted tanto como a mí.
- Ya veo... “¿Somos nuestro pasado?” - preguntó mi instinto por mí.
- Ese Axioma es muy fácil de eliminar... verá... no sé por qué le persigue realmente, pero la cuestión es... ¿para qué matarlo sin cobrar nada?
- Pues porque si no lo mata el mundo no cambiará, todo seguirá dando vueltas en torno a lo mismo una y otra vez... sin sentido...
- ¿Cómo en un círculo?
- Sí... – y sacó una placa. Era una agente gubernamental – Soy la agente Lorena Z. Puedo detenerle en cualquier momento si se niega a hacer ese trabajo.
- No lo haré gratis, y mucho menos para el gobierno. – La agente Lorena Z miró atrás nerviosa.
Supe que la estaban persiguiendo. Algo olía raro, pero la curiosidad me pudo. Y cuando me puede la curiosidad soy incapaz de rechazar un encargo.
- De acuerdo... acabé por decir... acepto su sugerencia. Ya hablaremos de dinero más tarde.
Se escucharon dos disparos en la calle que atravesaron los cristales de la oficina, pero ninguno alcanzó a matarme, ni si quiera a rozarme. Parecían dirigidos a la agente Lorena Z, el misterioso mimo...
viernes, julio 21, 2006
Lluvia ácida

[Una flor ha nacido.]
Dos cuerpos se mezclan, sus fluidos y gemidos se escapan y se besan fuera de sus poros y de sus bocas. Esas son sus palabras de pasión, que hace de ese campo de batalla su campo y lo santifica con placeres dignos de ser regalados por los mismos dioses.
[El dióxido de carbono sale de los escapes de las máquinas de muerte.]
Un beso, lenguas que se tocan, saborean cada una de las esencias y cada uno de los matices de los movimientos que tratan de dibujar palabras en el aire, o más bien realizar un nudo que no sea posible deshacer.
[El cielo llora en otoño y sus lágrimas se mezclan con el aire.]
Dos manos se unen en caricias al compás del momento y del temblar de los cuerpos que bailan al ritmo de una deliciosa música de fondo.
[Se forma ácido carbónico que empapa la tierra, quemando todo aquello que toca.]
El director está contento con la escena, hasta que al actor se le pasa la erección. Está demasiado acostumbrado a hacer eso. Ahora tendrá que esperar un rato para seguir rodando. Ella se ríe a carcajadas y pide un cigarrillo. Más de uno sentirá placer al ver esta película cuando esté terminada.
[Una flor muere.]
miércoles, julio 19, 2006
Otra rama del árbol
Se rompe otra rama del árbol... Y no sé qué hacer...
¿Y si pido ayuda al silencio? ¡Sí! ¡Tal vez venga a mi en forma de música!
Pero un chillido agudo interrumpe la canción que más me gusta. Un chillido que además espera mi respuesta, porque es mi nombre el pronunciado.
Suena el reloj de la torre de la iglesia, las doce en punto de la mañana... Y no sé qué hacer...
Tal vez no entiendas el porqué de mis acciones, ¿cuántas veces más pondré el “como” con tilde cuando construya una subordinada? Una falta de ortografía más que sumar a mi vida. Bah... Me has vuelto a hacer daño, y no te has dado ni cuenta.
Un pez parpadea inesperadamente. No se ha enterado de nada de lo que acabo de decir... Y no sé qué hacer...
Me molesta tu mirada cuando me amenazas. Claudico ante tu violencia. La inteligencia humana siempre hizo eso... rendirse cuando la amenaza la ira.
La tierra completa un nuevo ciclo alrededor de sí misma... Y no sé qué hacer...
Muero y no te has dado cuenta de lo que me has hecho. Por fuera puedo parecer un ser entero... pero por dentro destruido.
Mi corazón bombea una vez más mi sangre mezclada con veneno... Y no sé qué hacer...
El espejo con el que me miraba se cae al suelo, desde mi mano. Mi respiración se ha detenido a las 12.03 de la mañana... así que, aunque no supiera qué hacer algo he hecho.




